¿Qué significan Magnitizdat y Samizdat?
Son palabras que vienen del idioma ruso.
Son términos que, aunque en un principio no parezca que tengan relación con este proyecto, en realidad sí que la tiene.
Magnitizdat proviene de las palabras rusas magnitofon (magnetófono o grabadora) y izdatelstvo (publicación).
Se refiere a la copia clandestina y circulación de grabaciones musicales o programas radiales en cintas magnéticas.
Samizdat viene de sam (auto) y nuevamente, de izdatelstvo (publicación).
Era la práctica de copiar a mano o en máquina textos prohibidos, como libros, artículos, poemas o manifiestos, y distribuirlos clandestinamente.
Eran una forma de burlar la censura y la falta de acceso a la música o audio prohibido por el Estado soviético.
Fotografía de imagen destacada por Nkrita publicado bajo CC BY-SA 4.0.
Contexto geográfico e histórico: La censura Soviética
Para estudiar estos dos fenómenos es necesario entender y exponer ciertos hechos históricos documentados y de esta manera, examinarlos desde este contexto.
Estas prácticas se dieron principalmente dentro de un contexto de censura y represión de parte del Estado Soviético hacia sus habitantes.
Es decir, un contexto de coacción sistémica dirigida hacia la censura masiva.
Esta censura no estaba motivada porque el contenido causara daño a alguien o por mostrar delitos muy graves (como homicidios o violaciones) siendo cometidos.
En cambio, la «razón» por la cual la prohibición existía era porque el material intercambiado era mal visto por el Estado soviético.
La censura de estos contenidos específicos se centraba en el contenido ideológico.
No en la criminalidad o la moral como tal.
Si bien la URSS reprimía la criminalidad también, en este caso que nos atañe no era precisamente por esa razón.
Las autoridades de la URSS reprimían la difusión de este contenido que nos atañe por motivos exclusivamente ideológicos.
Pero… ¿Qué censuraban?
El material censurado por el gobierno soviético
Cualquier producto cultural o intelectual que contradijera o desafiara el status quo ideológico del Estado socialista soviético.
Especialmente si era extranjero (y proveniente de las potencias capitalistas) pero los soviéticos civiles también podían ser censurados.
Es decir, música, programas de televisión, libros, películas y cualquier otra producción.
Eso quiere decir que, por ejemplo, el Estado soviético no permitía sintonizar ningún canal que considerara inapropiado.
Esto lo hacía a través de una técnica llamada jamming, que impedía el acceso a las transmisiones.
Tampoco permitía distribuir grabaciones de artistas occidentales.
Es decir, sancionaban compartir una canción de Led Zeppelin.
Así de claro.
El que distribuyera La Guerra de las Galaxias, castigado.
Así como se lee.
La severidad de los castigos iba desde despidos o aislamiento profesional, hasta encarcelamientos en gulags o directamente exilios.
Simplemente por compartir y reproducir un texto.
Aunque la URSS terminó de colapsar en el año 1991, es justo decir que durante los 80, la censura fue gradualmente disminuyendo hasta virtualmente desaparecer a finales de esta década.
Esto debido a las políticas de apertura promovidas por Mikhail Gorbachov (glasnost y perestroika).
Estos no son inventos arbitrarios nuestros, ni propaganda política, ni una historia de ciencia ficción.
Son hechos ampliamente documentados y registrados por múltiples fuentes informativas, muchas de ellas rusas/soviéticas.
Negarlos implicaría, además de deshonestidad intelectual, una falta de respeto a los seres humanos que sufrieron la coacción sistémica en carne propia: los ciudadanos soviéticos.
¿Cómo hacían los soviéticos para copiar obras prohibidas?
Contexto histórico y tecnológico
Hay que tomar algo en cuenta, estamos en el siglo XX.
Pero durante ese período antes dicho, para la reproducción de estas obras, se necesitaba de aparatos analógicos.
No existía tal cosa como internet o el streaming.
Esto les daba una ventaja a los ciudadanos soviéticos ya que era imposible para el Estado soviético controlar los dispositivos analógicos en tiempo real con total precisión.
Tal vez, habría sido más fácil para el mismo controlar estas prácticas a través de medios digitales.
Pero afortunadamente para los soviéticos de a pie, el Estado no contaba con estas tecnologías, que habrían facilitado mucho su trabajo de vigilancia y control.
Por eso, los civiles soviéticos aprovecharon esta ceguera.
Emplearon el ingenio y la función empresarial para actuar y conseguir el tan ansiado (y prohibido) material.
Se las arreglaban para reproducir obras escritas, dar conciertos clandestinos de música prohibida, grabar esos conciertos y distribuir las grabaciones o insertar obras prohibidas en reproductores de vinilo, de muchas formas distintas y creativas.
A continuación, dos de las más emblemáticas.
Cómo los soviéticos empezaron a copiar grabaciones prohibidas

Hubo muchas formas de copiar grabaciones (fonogramas) o masters de canciones de los siguientes grupos de artistas censurados.
- Músicos y artistas del mundo occidental/capitalista.
- Músicos y artistas soviéticos disidentes y críticos.
No obstante, la más conocida e ingeniosa fue el Roentgenizdat (рентгениздат).
Esta técnica consistió en conseguir insertar obras musicales dentro de acetatos a través de radiografías médicas. Estas radiografías eran rescatadas de basureros de hospitales.
La fuente citada en el link rojo en ruso ofrece una buena explicación de cómo se hacía esto en detalle, puede traducirse al español con el navegador.
Estos acetatos clandestinos están documentados en esta galería posterior de József Hajdú cuyo link también contiene una reseña escrito por el artista Karoly Szücs y traducido por Noël Villers al inglés y por L’ Auné Clarisse al francés.
Es por esto de las radiografías que esta técnica también era conocida como Music on Ribs o Jazz on Bones
Así mismo, esta técnica ingeniosa permitía a los soviéticos reproducir las obras deseadas en fonógrafos.
Conseguían escuchar lo que deseaban, a espaldas del aparato opresor soviético.
Pero el formato era de muy baja fidelidad, ya que la técnica, aunque ingeniosa, era rudimentaria.
Cuando apareció la posibilidad de reproducir obras por cinta magnética con casettes, evolucionó hacia lo que conocemos como magnitizdat.
Formas de copiar escritos prohibidos

Como comentamos anteriormente, la época analógica jugó a favor de los ciudadanos soviéticos.
Esto hacía que fuera imposible para el Estado soviético detectar en tiempo real cuando alguien reproducía o creaba una obra.
Una máquina de escribir no tenía conexión a Wi-Fi ni tampoco se podía rastrear porque era un dispositivo completamente análogo.
Por otra parte, la privacidad del manuscrito también hacía que la reproducción de textos críticos fuera imposible de controlar por el gobierno soviético.
Estos textos podían ser de cualquier género o estilo, desde obras occidentales hasta textos críticos elaborados localmente.
Entonces se escribían y se prestaban libremente ejemplares o copias entre los civiles, de forma que se terminaban divulgando masivamente.
Así se hacía el samizdat.
¿A qué se estaban arriesgando los soviéticos con hacer esto?
Como ha quedado ampliamente registrado históricamente, el Estado soviético era muy violento con quienes reprimía.
No era una cuestión de simplemente encerrar a alguien en una celda por tener un libro de Hemingway, hecho que ya es violento por sí mismo.
El que caía en un gulag, podía ser sometido a verdaderos abusos de parte del Estado soviético, completamente contrarios a cualquier noción de humanidad.
Hubo arrestos generalizados y penas de prisión simplemente por hacer el roentgenitzdat como bien relata el escritor y periodista Maxim Kravchinsky.
En esencia, por escuchar, reproducir y compartir música. El Estado soviético veía como criminales estas conductas, solo porque el contenido de la música no le gustaba al régimen socialista.
Insistimos, esto no es una exageración ni son fantasmas, son los hechos reales y crudos, tal cual ocurrieron.
Los civiles soviéticos, literalmente, se estaban jugando la piel.
En palabras de Taleb, tenían skin in the game.
Está claro que los actos represivos no son exclusivos del Estado soviético ya que otros Estados, incluidos occidentales, lo han hecho (y lo hacen) también.
Pero desde luego que la URSS no fue pacífica y utópica, como algunos de sus defensores deshonestamente pretenden sostener.
El grado de coacción sistémica, duración y violencia del aparato censor soviético fue especialmente extenso y brutal.
Y además, se prolongó por varias décadas.
Magnitizdat y Samizdat como ejercicio de derechos humanos legítimos
Ambas prácticas surgieron como respuesta a la estricta censura impuesta por el régimen soviético, que controlaba todos los medios de comunicación y restringía el acceso a información y cultura del mundo occidental.
El samizdat y el magnitizdat representaban formas de resistencia pacífica en lo cultural y lo político.
Permitió los ciudadanos acceder a ideas y manifestaciones no violentas, como la música o la literatura, fuera de la censura estatal.
Estas prácticas reflejaban un deseo de libertad de expresión, que dicho sea de paso, es un derecho humano universalmente reconocido y además, connatural al ser humano.
También reflejaban una profunda necesidad de conexión con culturas y pensamientos que para ellos, eran alternativos y novedosos.
Aunque el samizdat y el magnitizdat eran clandestinos (y también muy peligrosos) desempeñaron un papel crucial en la preservación de la diversidad cultural y en la formación de una conciencia crítica dentro de la sociedad soviética.
Una sociedad que, en palabras de Kravchinsky, estaba hambrienta culturalmente luego de haber sido bombardeada con propaganda sobre «lo bien que se vive en la Unión Soviética».
¿Qué relación hay con AUTORATIA?
Mucha más de la que parece.
En la URSS se reprimían conductas que, vistas desde la mayoría de los sistemas jurídicos contemporáneos, con sus virtudes y defectos, habrían sido perfectamente legales.
Primero que nada, cuando un músico soviético consentía pacíficamente la difusión de su obra mediante magnitizdat por parte de particulares, en el sistema actual occidental no se consideraría una conducta ilícita, ya que era el propio autor quien autorizaba la copia.
Es decir, para el sistema actual de derechos de autor, es un derecho patrimonial de autor.
En particular, el de reproducción.
Sin embargo, el Estado soviético la consideraba una conducta ilícita que debía ser castigada.
En primer lugar, porque violaba el monopolio estatal sobre la circulación de contenidos.
Pero en segundo lugar, en caso de que su contenido fuera censurable por ser considerado peligroso para el régimen, por eso también.
Esta represión demuestra cómo el régimen pretendía subordinar absolutamente toda la creación cultural e intelectual a los intereses ideológicos del Estado.
La URSS sí tenía un marco jurídico de copyright, pero carecía de libertad operativa real. El magnitizdat y el samizdat fueron síntomas claros de que la única manera de ejercer una creatividad independiente era haciéndolo al margen o en contra del Estado.
El socialismo aplicado a la propiedad intelectual
La Unión Soviética no solo buscó estatalizar los medios de producción materiales, sino también regular la creación intelectual bajo una lógica de control centralizado. Si bien los autores conservaban ciertos derechos reconocidos en la ley, su ejercicio estaba profundamente condicionado por el Estado y su aparato ideológico.
Ojo, esto no se debe confundir, en ningún caso, con iniciativas de cooperación voluntaria como copyleft, Creative-Commons o el acceso libre. Eso no es equivalente a socialismo, hacer esa comparación sería un error sumamente grosero que denota que no se entienden bien los conceptos que se mencionan.
Cuando no, una tergiversación malintencionada.
El acto de compartir o el hecho de que algo sea gratis por voluntad de su propietario no implica socialismo, y menos aún el soviético.
Esta distinción no es un juicio de valor, sino una descripción.
Estas herramientas modernas buscan expandir la libertad del autor, no suprimirla. Le permiten decidir cómo se comparte su obra de manera contractual y volitiva, como alternativa a los esquemas tradicionales de copyright.
Eso no tiene absolutamente nada que ver con la lógica del régimen soviético.
Con qué lógica intentaron hacerlo
La lógica de la URSS fue que si la propiedad privada de los medios de producción debía pasar a ser controlada por el Estado, entonces la propiedad intelectual debía seguirle.
Por esto, el sistema veía al Estado como el centro regulador de la propiedad intelectual de los ciudadanos soviéticos.
La publicación pasaba por canales estatales obligatorios y estaba sujeta a censura previa.
Más adelante empezaron a publicar contenido extranjero, pero siendo una liberalización muy parcial.
El sistema no garantizaba acceso libre, sino acceso filtrado y autorizado.
Por eso, la comparación con el acceso libre o Creative Commons solo puede venir de verdaderamente no entender el tema.
Los autores soviéticos sí tenían algunos derechos patrimoniales pero estaban profundamente limitados y supervisados por el Estado, por ejemplo al tener tasas de regalías fijadas por el mismo y el autor tampoco tenía la más mínima voz en la fijación de estas tarifas.
Eso sí, todo esto siempre y cuando el contenido de sus obras no se consideraba peligroso para el régimen.
Porque como hemos venido estudiando, si el contenido era considerado peligroso para los intereses ideológicos del Estado soviético, peor aún: ni siquiera se permitía su mera expresión y además se castigaba al autor.
Y este castigo podía variar en grados de severidad, sin que dejase de ser severo en ningún caso.
Se trataba, en definitiva, de un acto de represión total contra la capacidad innata del individuo para expresarse y ser creativo.
Por qué las restricciones del copyright moderno no son equiparables a la censura del Estado Soviético
Ahora bien, en el sistema actual de copyright, es cierto que reproducir y distribuir copias íntegras de una obra (como una canción de Led Zeppelin) sin autorización de sus titulares constituye una infracción formal.
Es decir, no se puede hacer.
Sin embargo, hay una distinción esencial que no puede pasarse por alto:
En este sistema, la restricción se da por la forma de uso, nunca por la naturaleza del contenido original.
Es decir, la reproducción no autorizada puede estar prohibida porque afecta derechos patrimoniales del autor, no porque lo que dice la obra sea ideológicamente peligroso, inmoral o políticamente incorrecto.
Se puede discutir sobre esto (hay debates amplios y tendidos sobre la propiedad intelectual) pero lo indiscutible es esto:
Prohibir la reproducción de una obra, exclusivamente por razones ideológicas, es censura.
En la URSS, las obras extranjeras estaban censuradas sistemáticamente.
No era que los ciudadanos evadieran pagar una licencia para hacerles un cover.
Simplemente no podían comprarlas ni escucharlas legalmente, aunque quisieran.
Y no hay relativismo que valga.
No estamos hablando de contenidos como pornografía ilícita, incitación a la violencia o crímenes representados en tiempo real.
Hablamos de música, libros o películas que, aunque pacíficos, eran reprimidos simplemente porque no encajaban en el marco ideológico estatal.
Eso no es gestión de derechos.
Eso es represión.
Tres ideas fundamentales para cerrar (notas del autor)

1. No pudieron frenar la libertad
Los soviéticos no estaban luchando contra patent-trolls, secuestradores de marca, o la censura en plataformas de redes sociales (problemas que por sí mismos, ya son bastante serios).
Estaban luchando contra uno de los Estados más totalitarios, sangrientos, represivos y violentos que han existido en la historia.
Aún así, con toda la maquinaria coactiva y violenta del Estado soviético, con el poder militar y opresivo que contó, ejerciendo la coacción sistémica por décadas, prácticas como el Magnitizdat o el Samitizdat demuestran algo muy simple:
Nunca pudieron censurarlos.
2. La libertad de expresión y la creatividad son innatas y anteriores a cualquier represión externa
Esta idea es más de tipo filosófica, pero ya la expusimos anteriormente en uno de nuestros primeros posts.
Esta es una oportunidad para resaltar lo siguiente: la creatividad humana es un axioma.
El ser humano es creativo y esto es una realidad objetiva inmodificable e innegable.
Por consiguiente, es anterior a las legislaciones de cualquier índole, incluídas las más autoritarias y restrictivas, como la de la URSS.
Al formar parte de la naturaleza humana, cualquier legislación que reprima la creatividad de la manera en que la URSS lo hacía estará destinada a un rotundo fracaso.
3. Monsters of Rock 1991

No solamente las prohibiciones de la URSS fracasaron porque los soviéticos las eludieron, también por haber sido absolutamente incapaces de crear una cultura ideológicamente alineada al Estado soviético.
En el Aeródromo Túshino, tomó lugar el concierto gratuito Monsters of Rock Moscow 1991.
En este concierto, tocaron los grupos E.S.T, Pantera, The Black Crowes, Metallica y AC/DC, siendo solo el primero soviético, los demás, anglosajones todos.
Este concierto, según diversas fuentes, logró convocar entre 500.000 y 1.600.000 personas que asistieron de forma voluntaria y gratuita, unidas por el amor a la música.
Incluidos soldados soviéticos que acabaron dejando la formalidad y disfrutando el concierto.

Las imágenes son impresionantes.
Centenas de miles de soviéticos, congregados para escuchar a los estandartes más grandes de la historia del rock anglo.
¿Y qué hacía la URSS?
Nada, solo ver.
Ver cómo en minutos, un riff que Kirk Hammett compuso cuando era un adolescente de 16 años levantaba el velo de la verdad: el adoctrinamiento totalitario del estado socialista soviético NUNCA funcionó.
Lo que no querían que les pasara, les pasó por encima a punta de power-chords, baterías, amplificadores, bajos estridentes y guitarras eléctricas distorsionadas.
En ese concierto, los retoños de un género musical que, por décadas, la nomenklatura tanto persiguió y censuró terminaron convirtiéndose en la voz de toda una generación de soviéticos libres.
Y aunque haya concreto, la creatividad siempre encuentra la manera de florecer.
Este artículo se publica bajo licencia copyleft.
En honor a quienes se jugaron la piel en nombre de la creatividad.
9 de Noviembre de 1989.
Nunca olvidar.







