Van Halen: Una revolución sónica en el rock
Van Halen es un grupo muy famoso de los años 70 y 80.
Casi cualquier guitarrista eléctrico conoce a Eddie Van Halen por su innovadora manera de hacer el tapping, su sonido característico lleno de efectos y su estilo energético, espontáneo y caótico.
Quienes son más avanzados, empiezan a apreciar su guitarra rítmica (Panama, por dar un ejemplo).
Hay quienes recuerdan a David Lee Roth por su capacidad de frontman única que le daba ese toque divertido a Van Halen.
Quienes recuerdan la batería de Alex Van Halen en la icónica intro de Hot for Teacher.
O bien, aquellos que se acuerdan de la intro de Jump porque la han de haber escuchado en alguna transmisión deportiva.
Lo cierto es que los primeros discos de Van Halen significaron un antes y un después en la historia del rock, esto los catapultó a la fama e hizo que empezaran a dar conciertos más grandes en arenas y estadios.
El show debe continuar: Van Halen en su apogeo

Esto tiene implicaciones importantes, ya que el show ya no era el clásico concierto de club nocturno o bar en donde solo acomodan el equipo y se ponen a tocar.
Estos shows ya eran verdaderas obras logísticas, donde se requería una tremenda capacidad de coordinación por parte de todos los particulares que participaban en el concierto.
Es que no son solo los miembros de la banda y su equipo, este tipo de conciertos traen consigo organizadores, empresas de boletos, seguros de riesgos, seguridad privada y muchos otros elementos.
Es un caos autoorganizado para que todo salga bien, porque a todos les conviene.
Y evidentemente los riesgos son muchos, cualquier cosa podría salir mal y comprometer el espectáculo.
Lo que pasa es que los shows de Van Halen eran además, muy pirotécnicos y acrobáticos.
Había de todo, en palabras de David Lee Roth (como fue citado aquí):
Nos movíamos con nueve camiones de 18 ruedas, llenos de equipo, por lugares donde el estándar era de tres camiones como máximo.
Y hubo muchos errores técnicos como que las vigas no podían soportar el peso o que el suelo se hundiese.
Nuestro rider parecía la versión china de las páginas amarillas por la cantidad de equipo y seres humanos necesarios para que todo fuera bien.
También muchas cosas que podrían salir mal. Por eso, la banda tenía que cuidarse de eso.
No tanto ya por temas legales, sino de vida o muerte.
Y es que si algo salía mal…
Entonces idearon una cláusula especial y única para saber si los demás habían hecho todo bien.
La cláusula Van Halen: ¿qué tienen que ver los M&Ms?

En los conciertos, es de lo más normal que los artistas pidan dietas o provisiones en los camerinos tales como dulces, papas fritas, alguna comida o cualquier otra cosa.
En el caso de Van Halen, había una petición especial.
M&M’s (WARNING: ABSOLUTELY NO BROWN ONES)
«¿Qué? ¿Pero qué es esta excentricidad? ¡qué malcriados! ¡típico de rockstars engreídos!»
No, lo que pasa es que esta cláusula era una manera rudimentaria de revisar de una manera simple y directa si se habían leído los contratos con detalle.
No era un capricho de rockstar. Era una trampa para ver si se habían leído todo.
Lo que procedían a hacer los miembros de Van Halen era ir a revisar ese tazón y si tenía un solo M&M café no tocaban. También procedía si directamente no había tazón.
Eso activaba una señal de alerta para revisar todo el montaje técnico, porque muchas veces donde habían fallos en detalles pequeños también habían errores graves que podían poner en peligro la seguridad del grupo y del público, como ocurrió en el Massari Arena donde el suelo no soportaba el peso del escenario y se hundía.
¿Podían dejar de tocar los miembros de Van Halen? ¿No sería incumplimiento?
Claro que podían.
Primero que nada, cuando hay un incumplimiento de una parte, como la que no pudo poner esos M&Ms a regla, esto permite faltar con sus obligaciones a la parte que no ha incumplido.
A esto se le llama resolver el contrato.
Pero en todo caso, la cláusula 126 también decía que si esta exigencia no se cumplía, se cancelaba el concierto y se le debía hacer un pago total a Van Halen.
Lo que se puede aprender de esta cláusula
Hay que tomar algo en cuenta, esto es una forma de autoorganización espontánea que tiene como función una cosa: reducir incertidumbre e información dispersa.
Y además, de la manera más lógica y de sentido común posible.
Cuando la banda llegaba a revisar el escenario, no tenían ni idea de si las cosas se habían hecho bien o no.
Además, revisar cada aspecto por separado era demasiado complicado y tomaba mucho tiempo.
En cambio encontrar un M&M café en un tazón es mucho más fácil.
Con base en esto hacían un razonamiento inductivo y pensaban: Probablemente no leyeron bien el contrato.
Y si fallaron con una tarea tan simple, probablemente fallaron con las más complejas también.
Si descuidaron esto, son descuidados y probablemente así son con lo demás.
Esto es pura experiencia y entendimiento práctico de la conducta humana, no formalidades muertas ni burocracias.
Esto les daba motivo suficiente para sospechar y no querer tocar hasta que todo se corrigiera o bien no tocar del todo.
Cómo pequeñas señales condensan información dispersa y compleja
Estos temas sobre la información tácita y dispersa han sido estudiados por autores como F.A Hayek y Michael Polanyi.
No hacía falta que la banda hubiera leído la obra completa de ninguno de los dos, es que así opera el ser humano para reducir la complejidad y la incertidumbre. Van Halen sabía esto de forma tácita y es todo lo que necesitaba.
Opera de manera similar (aunque no idéntica) a los precios de la economía ya que simplifican un volumen inmenso de información (improcesable para cualquier ser humano o entidad).
Esta cláusula hacía algo similar: era una señal que condensa información más compleja.
Los precios dan varias señales: hay escasez de este producto, es factible producir este otro, hay demasiada oferta de aquello, etc.
El M&M café daba una señal directa y tácita: aquí seguro no hicieron las cosas bien.
Entonces esto movilizaba a la banda y le ahorraba realizar un proceso más complicado.
Esto era lo que les permitía luego descubrir fallos críticos en el escenario y la organización del concierto.
La única pequeña diferencia es que sin precios, no es posible coordinar racionalmente una economía compleja.
En cambio en el caso de Van Halen, sí que podían revisar cómo estaban las cosas, pero tardaría demasiado tiempo.
Se necesitaba rapidez, velocidad, algo directo y al grano.
Entonces, si es tan buena ¿por qué no lo hicieron desde el principio?
Cuando Van Halen era una banda iniciante, esta cláusula no era necesaria porque el sistema era simple y fácil de verificar. Introducir una exigencia meticulosa en ese contexto solo habría complicado innecesariamente algo que ya funcionaba bien.
La cláusula aparece cuando el sistema se vuelve complejo y revisar todo manualmente deja de ser viable. En ese punto, una señal simple reduce incertidumbre y ahorra tiempo.
Para un artista pequeño, la cláusula de los M&Ms no solo no informa nada útil, sino que añade fricción sin beneficio alguno y pasa a ser contraproducente para los fines de la propia cláusula: como la cláusula sirve para condensar información en un sistema, si el sistema deja de ser complejo, entonces deja de tener sentido la cláusula.
Especialmente si se toma en cuenta que hay formas más directas y factibles de verificar riesgos en un sistema más simple.
La cláusula Van Halen es contingente, útil solo cuando el sistema se vuelve complejo y el monitoreo directo es costoso.
Esta explicación no es discriminación a las pequeñas bandas, sino que es una cuestión de necesidad y proporcionalidad entre la complejidad del sistema y el instrumento contractual utilizado.
Conclusión: Cuidado con los M&Ms cafés
De acuerdo a esta metáfora, lo que hay que hacer en los contratos es poner este tipo de cláusulas que sean capaces de servir como señales para transmitir y condensar información compleja de forma preventiva.
Es decir, que configuren banderas rojas de que algo no anda bien con lo que estamos haciendo.
Hay que tomar en cuenta que los conciertos son actividades muy complejas en cuanto a su coordinación y ejecución. Esto ya lo sabemos de cuando tratamos los contratos en conciertos y la función del impresario.
Estas cláusulas Van Halen son útiles para eso, para dar señales a las partes del estado real de las cosas, no solo en papel.
Ayudan a reducir incertidumbre (¿estará todo bien montado?), coordinar información dispersa y oculta (la tarima no soporta el peso del escenario) y a reducir complejidad (si no, tendríamos que revisar todo el montaje para saber si algo anda mal).
Es parte del ingenio empresarial aplicado al ámbito contractual: crear cláusulas innovadoras que no están previstas en la ley.
Para eso es que está el derecho de contratos, para ser creativo y utilizarlo con ingenio.
Van Halen, sin ser abogados, nos dieron un claro ejemplo de ello.
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